Tatiana

AutorTurid Hagene
Páginas325-358

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Tatiana nació en 1947. Algunos años antes del Triunfo se mudó a San Juan, proveniente de otra región, con su esposo y seis hijos. Ya siendo una mujer adulta, se graduó en Corte y confección en la ciudad de Diriamba, a comienzos de la década de 1980. Su esposo era agrónomo y trabajaba como representante de ventas de agroquímicos; según parece, él mantenía a la familia cuando Tatiana entró a la cooperativa. Ella había colaborado con el Frente tomando parte en la actividad política, y era una militante de dicha organización. En 1985, Tatiana fue admitida en la cooperativa por medio de AMNLAE, la organización de mujeres cuya líder era vecina de ellas. Pronto, Tatiana fue elegida para encargarse de las ?nanzas de la cooperativa; puesto que ocupó por el resto de la existencia de la cooperativa con algunas breves interrupciones.

Al narrar su historia de vida, Tatiana sólo encontró dos temas dignos de incluir: el periodo de cuando sus hijos eran pequeños y ella era muy feliz, y el de su trabajo dentro de la cooperativa, que la hizo “despertarse” y descubrir que su felicidad no consistía únicamente en estar con su esposo. Al contar su historia, de algún modo ella construyó ambos periodos de su vida como contrastes frente a las imágenes de feminidad, arreglos de género y participación de la mujer en la vida social. Al mismo tiempo, cuando contó su historia, tanto la cooperativa como su esposo habían fallecido. Aunque su vida continuó, su historia —que giró sobre dichos ejes— había adquirido un sentido de cierre, y sus re?exiones asumieron el carácter de hacer el inventario de su vida. Asimismo, su historia proporciona abundante material sobre su sentido de agencia y su limitado sentido de patronazgo religioso y político.

Aquí, presento su historia estructurada de la manera en que ella la narró; sin embargo, la he ampliado utilizando secuencias de otras entrevistas con ella acerca de los tópicos del Frente, la cooperativa y la relación con su esposo. Cuando yo le pedí

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a Tatiana1que me dijera cuáles sentía que eran los temas más importantes sobre los que hablar en la historia de su vida, ella preguntó:

Ta: ¿Más importantes?

T: Uhum.

Ta: No sé, la vida, la época en que mis hijos, por ejemplo, eran pequeños, o sea...

T: Uhum.

Ta: O sea, después este trabajo aquí, en la cooperativa.

T: Los hijos pequeños, el trabajo en la cooperativa. ¿Sólo ésos?

Ta: Yo no pienso que haya habido nada de importancia en mi vida. Mis hijos, mira, yo he sido, este, muy tranquila, de la misma forma que me ves ahora, así es como siempre he sido. Entonces, yo no tengo nada que contar fuera de lo común, ¿entiendes? O quizás sí, pues, y no se me ocurre. Pero el tiempo más feliz de mi vida fue cuando yo tenía mis hijos pequeños.

Mi época más feliz, con mis hijos

Tatiana habló de esta época con sus hijos como la mejor pero, en realidad, no dijo mucho acerca de ellos:

T: Así, entonces podríamos empezar con el tema de tus hijos. O sea, en ese periodo, ¿cómo era tu vida?

Ta: Yo no, bueno, yo trabajé, para empezar con esto, yo estuve trabajando, estuve haciendo dos turnos en una tienda, ya.

T: ¿Dónde fue eso?

Ta: En Juigalpa.

T: Ah, ya.

Ta: Así es, yo hacía dos turnos, pero me multiplicaba para estar con mis hijos... Para mí era una felicidad estar con mis hijos y mi esposo. Yo era feliz, nomás feliz... Me sentía satisfecha, no me faltaba nada...

T: Ajá. ¿Qué edad tenías en aquel tiempo?

Ta: Tenía dieciocho, desde los dieciocho yo comencé, y fui feliz hasta cerca de hace diez años... Entonces fue como que me desperté de pronto; algo no era como yo lo quería... Mi marido no era un santo, pero si estaba un momento conmigo, yo era feliz. Entonces él se iba con otras mujeres, y yo sufría, pero cuando él regresaba, yo era feliz otra vez. Pero, hace diez años, llegó un momento en que yo cambié y empecé a pensar que mi felicidad no era sólo estar con él; yo podía ser feliz estando sola.

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Ya desde el comienzo de la entrevista, Tatiana presentó un cambio de rumbo en su vida. En seguida, veremos que ella lo vinculó con su trabajo en la cooperativa.

Cooperativa y esposo

T: ¿Cómo ocurrió este cambio?

Ta: Me parece que fue cuando empecé a trabajar aquí, en la cooperativa. Yo comencé a trabajar y comencé a ver que yo podía, o sea, que mi mundo no era sólo mi marido.

T: ¿Tú empezaste aquí en 1985?

Ta: No, no. Yo empecé en el 85, pero en ese tiempo no, sino que comencé a ver que los hombres son egoístas, comencé a ver sus defectos, sus fallas como quién dice. Me aburrí de toda la vida, me sentí utilizada. Fue como que me desperté, no sé.

T: Ajá.

Ta: De que mi marido me decía y me trataba como “ésta es mía y ésta tiene que estar aquí porque es mía”, ya.

Tatiana asoció el cambio con su trabajo en la cooperativa, pero no fue instantáneo y tuvo que ver con las re?exiones sobre el hecho de que su esposo la miraba como su propiedad: un ingrediente común dentro de las relaciones de género patriarcales. Ella amplió lo que signi?caba ser de su propiedad:

Ta: Él no me dejaba tener mi propia vida. Yo dijera que él no me dejó tener amistades, ni con hombres ni con mujeres. Para él era un pecado si yo tenía amigos o estaba platicando, como lo hice con aquel muchacho.

T: Ajá.

Ta: Para él eso no era normal, mi amistad con el administrador. Para mí sí, pero no para él... Yo veía que alguna gente podía hablar, bromear, reír y todo, y ellas eran felices con sus maridos. ¿Por qué yo no podía?, simplemente porque mi marido era un machista, un egoísta; yo comencé a notar eso, y después nos separamos... No me gustaba que él descon?ara de mí sin motivo, solamente porque él era un zángano y pensaba que todo mundo podía hacer lo que él estaba haciendo.

Un tema de con?icto con su esposo fue la convicción de que él tenía derecho a controlarla. Aquí, Tatiana también se re?rió al doble estándar implícito en el orden de género patriarcal: el hombre podía tener muchas mujeres, la mujer, sólo un hombre. Y sin embargo, su re?exión no cuestiona este doble criterio; su crítica estaba dirigida más en contra de su prohibición a sostener una amistad, en particular con hombres.

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Ta: Él tenía un montón de mujeres. Nosotros comenzamos a tener problemas por causa de esa mujer. Entonces, un día él armó un escándalo y yo lo eché... Perdido de borracho, él comenzó a patear a su alrededor. A mí no me gustan los escándalos. Él pateó las paredes, destruyó un barril, cosas terribles, pues, el día entero. Él se emborrachaba en casa de ella y vino a hacer el escándalo en la mía.

T: Ajá.

Ta: Gritando, así para que el barrio entero escuchara, no me gusta eso. Entonces yo dije que lo sentía, pero que él se tenía que ir. Se subió en su motocicleta y fue con esa mujer; es decir, yo lo estaba perdiendo. Veamos, esto fue un año antes de que muriera.

Él siempre acostumbraba irse con otras mujeres, y ella solía sufrir por eso. Sin embargo, lo que Tatiana presentó en esta secuencia como la motivación inmediata para echarlo fuera, no fue, en sí misma, la relación con la otra mujer, ni quizás la borrachera en sí. Pudo ser más bien tanto el hecho de compartir el placer de la bebida con la otra mujer, como el haberle hecho un escándalo frente a sus vecinos. Este episodio combinó la in?delidad y la borrachera de una manera particularmente humillante y vergonzosa para Tatiana. Ella pudo haber considerado esto como la mejor justi?cación para echarlo, o posiblemente sintió que era necesario, para reparar su propio honor.

Ta: Él dijo que quería regresar conmigo, que quería regresar a la casa. “No, pues, ahí te morirás, hermanito, allí te quedarás con esa mujer”, le dije, “tú no regresarás conmigo, porque tendremos los mismos problemas”. Yo no puedo aceptar a la gente que me trata así, que quieren mantenerme en sus puños cerrados. Yo no puedo aguantarlo. Me siento como una prisionera... Dejarlo a él signi?có liberarme a mí misma. Para seguir con la misma rutina, sí, pero me sentía libre.

Por medio de la repetición, Tatiana subraya cuán terrible encontraba el hecho de que él la controlara; para ello también utilizó una de las estrategias de la narrativa oral, es decir, una evaluación interna que equivaldría a hacer un comentario, una evaluación externa, que también hizo: “me siento como una prisionera”.

Tatiana mencionó que su esposo había pagado los costos de la construcción de la casa. Sin embargo, también mencionó que el terreno estaba a nombre de ella, como de hecho lo estaban la casa y todas las pertenencias que ambos habían adquirido. En Nicaragua es bastante común que la mujer tenga la casa registrada a su nombre, así como parece ser muy común vivir en la casa/el terreno de los padres de la esposa, más que en el hogar de los padres del marido; un aspecto que abordaré con mayor profundidad en el capítulo trece. Ahora bien, la motivación que Tatiana expresó como base para echar a su esposo, fue el escándalo que éste había hecho;

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sin embargo, la razón por la cual ella no quería que él volviera fue su indebido deseo de controlarla y refrenarla.

Ta: Yo lo respetaba mucho, pero al mismo tiempo no me gustaba la forma en que quería controlarme.

T: ¿Alguna vez se lo dijiste?

Ta: Cómo no. Pero ahí hay otra cosa, él jamás me escuchaba. Yo le quería decir algo, “fíjate esto que lo otro”, y él cambiaba el tema, miraba en otra dirección o llamaba a alguien, cosas así, y nunca me escuchaba. Israel2me escuchaba más que mi marido.

Respeto es otro concepto clave en el discurso de Tatiana: ella respetaba a su esposo. Tal vez indicó que él no le mostraba respeto porque no la escuchaba. Sin embargo, su colega, Israel, sí le mostró respeto. De...

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