El colapso cooperativo y el fi n de la década sandinista (1988-1990)

Autor:Turid Hagene
Páginas:125-153

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Introducción

Las relaciones de patronazgo para las mujeres de La Esperanza cambiaron considerablemente en el periodo cubierto por este capítulo. En primer lugar, mostraré las formas en que se retrajo (durante la primera mitad de 1988) la compleja red institucional descrita en el capítulo tres. La reforma monetaria y el cambio en la política económica removieron las bases materiales de la relación patronal entre el partido/gobierno y el sector de la pequeña industria cooperativa. Partes sustanciales de ese sector se colapsaron cuando perdieron su capital activo, los suministros a precios controlados y el sistema de adquisiciones. Supuestamente, las fuerzas del mercado tomarían el control, pero su comportamiento era sumamente anómalo y la gente no tenía el dinero —ni frecuentemente el interés— para comprar los productos elaborados por la pequeña industria.

Una característica de las relaciones de patronazgo es la reciprocidad. La relación es jerárquica, pero la distribución de recursos antecede a las exigencias de lealtad que se demandan de los clientes. La segunda cuestión por explorar en este capítulo es, por lo tanto, si el retiro de los recursos gubernamentales pudo haber tenido repercusiones en la lealtad política de las mujeres de La Esperanza. Las elecciones nacionales de 1990 constituyen un escenario para esta indagación, pero antes de abordar el caso, es preciso presentar otros dos ejemplos. El primero es un análisis de la declaración de las mujeres de La Esperanza (del 8 de marzo de 1988), y el segundo se per?la a partir de las maniobras en las que ellas se involucraron para obtener un edi?cio propio e independencia con respecto al poder Ejecutivo del gobierno local. Estos dos episodios,

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uno en forma de análisis del discurso, el otro como análisis situacional, ilustran la actuación de las mujeres y sus limitaciones, así como las perspectivas que, implícitamente (y a veces explícitamente) los funcionarios del gobierno y las organizaciones de ayuda tenían sobre las mujeres.

En tercer lugar, abordaré el cambio de un patrón por otro. A lo largo de este capítulo observaremos a La Esperanza reemplazar a un patrón debilitado por otro en ascenso: esto es, el paso de la dependencia del gobierno a la de una ONG noruega con la que estaban asociadas desde 1985, y posteriormente con respecto de la agencia gubernamental noruega NORAD. A nivel nacional, también podemos atestiguar el ascenso de un nuevo anclaje institucional para los productores de la pequeña industria. El Consejo Nacional de apoyo para la Pequeña Industria (CONAPI) había iniciado en el FSLN como una pequeña o?cina en 1983, pero cobró importancia en este periodo de cambio económico e institucional. En este lapso pudimos percibir un nuevo desempeño por parte del CONAPI. Esta instancia se situaba en medio de la tensión existente entre el FSLN y el sector de la pequeña industria, y dio un paso en favor de la representación del sector. Así, observaremos los respectivos desarrollos a los niveles nacional y local, para apreciar cómo fue que algunos de los actores manejaron y experimentaron el cambio en las relaciones de patronzago, y discutiremos las formas en que este cambio pudo haber incidido en el comportamiento electoral.

La reforma monetaria y la nueva política económica

Pese a que las mujeres de La Esperanza atribuyeron el declive de su cooperativa fundamentalmente a la caída del gobierno sandinista, también mencionaron la reforma monetaria como un evento que las llevó al borde de la bancarrota. Estos eventos se sucedieron con dos años de diferencia. La reforma monetaria (también conocida como el Plan Bertha), fue puesta en operación el 14 de febrero de 1988; mientras que las elecciones tuvieron lugar en febrero de 1990, siendo seguidas por la alternancia en el gobierno a partir de abril de 1990. A continuación, mostraré cómo las reformas de 1988 condujeron al deterioro progresivo de las cooperativas.

El Plan Bertha consistía en cambiar los billetes viejos por nuevos (confeccionados en la entonces República Democrática Alemana), a razón de mil a uno. El plan fue llevado a cabo en buena medida como una operación militar, y por tanto, fue mantenido en total secreto hasta su ejecución. La nueva tasa de cambio fue de 10 córdobas por dólar, y cada hogar podía cambiar un máximo de 10 millones de córdobas o mil dólares (Martínez Cuenca 1990). De acuerdo con la Ley Número 306, el mismo

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límite fue establecido para cooperativas y para las empresas:1“teníamos millones y se convirtieron en unos pocos córdobas”, recordaban las mujeres de La Esperanza. A muchas cooperativas les fueron retenidos sus depósitos bancarios,2entre ellas, a La Esperanza. De acuerdo con Esmeralda, ellas tenían “mucho dinero en el banco. La reforma fue un factor que nos arruinó”.3Aparentemente, los recibos que cubrían los depósitos con?scados simplemente no fueron pagados, al menos no mientras el monto representara algún valor real.4La hiperin?ación pronto convertiría de nuevo millones de córdobas acerca de apenas unos cuantos. Recuerdo una teoría callejera sobre esta con?scación, que circulaba en Managua durante 1988, a saber: que esta iniciativa debía ser entendida como un golpe dirigido a los contras, ya que sólo ellos tendrían más de mil dólares.

El gobierno también quiso corregir los precios relativos, ya que según el dicho popular en ese entonces, un cerdo era más caro que un automóvil. Los propósitos declarados de las reformas fueron e?ciencia y productividad, acompañados de un mejoramiento del poder adquisitivo de los trabajadores; éste último, supuestamente sería resultado del esperado ?nal de la hiperin?ación. Parece increíble, pero de acuerdo con tres diferentes fuentes, los salarios reales pasaron, hacia el ?nal de 1987, a representar entre 5 y 7 por ciento con respecto a su nivel de 1980 (Aburto 1988, Stahler-Sholk 1989, Weeks 1999). Las medidas instrumentadas incluyeron reducciones de personal en las dependencias gubernamentales y un recorte de 10 por ciento en los respectivos presupuestos, al tiempo que diversos Ministerios fueron compactados (fusionados).5En el Ministerio del Trabajo hubo una compactación del Departamento de Cooperación6junto con otras o?cinas. Cuando esto ocurrió su director, David Orozco, dejó la institución, misma que a partir de entonces, se hundió literalmente en el olvido.7En junio de ese año se anunciaron nuevas medidas, incluyendo la “liberación” de los costos y precios; de este modo fue como se abrieron las puertas a los mecanismos del mercado. A partir de entonces, los salarios se sujetarían a lo que se denominó “?exibilización”, dejándolos

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a la negociación entre compañías y empleados (Martínez Cuenca 1990). Sin embargo, los empleados públicos, cuyos salarios estaban directamente incluidos en el presupuesto nacional, no pudieron abrirse a la negociación. Los servidores públicos que aún conservaban sus empleos enfrentaron entonces una difícil situación: sus salarios no se movieron a la par de los precios del mercado. Se creó entonces el sistema AFA,8 que proveía a los empleados públicos con arroz, frijol y azúcar a un costo equivalente a entre el 5 y 10 por ciento de su salario, como compensación por el congelamiento de sus ingresos. Aparentemente, el intento por controlar la in?ación no prosperó. Martínez Cuenca (1990: 135), quien en ese tiempo era ministro de planeación, a?rma que durante ese periodo la in?ación alcanzó el 33 mil por ciento.

A nivel nacional, el comercio se contrajo notablemente. En La Esperanza, la correspondencia con los ministerios gubernamentales cesó, al igual que los pedidos, lo cual re?ejó una abrupta caída en la actividad económica y productiva de la cooperativa. Pese a que el propósito declarado de las medidas económicas impulsadas por el gobierno fue el mejoramiento del poder de compra de los trabajadores, el resultado parece haber sido el opuesto. Además, el negocio de la ropa de segunda mano comenzó también en 1988, y constituyó una competencia signi?cativa para las cooperativas de prendas de vestir (véase la tabla 5).9Hasta 1990, sin embargo, dicho negocio requería de un permiso especial del gobierno. No obstante, las ventas de La Esperanza cayeron, seguidas por un decremento en la producción (véanse las tablas 1 y 2).

La declaración del 8 de marzo

El 8 de marzo de 1988, en la celebración del Día Internacional de la Mujer, las trabajadoras de La Esperanza aprobaron y ?rmaron un pronunciamiento a favor de la reforma monetaria del gobierno. Cuando leí este documento en Noruega, me impactó el hecho de que no pudo haber sido concebido por las propias mujeres; simplemente no coincidía con el pensamiento de ellas. No tuve oportunidad de consultarlas a ese respecto, pero sí observé que éstas tampoco lo han comentado nunca. Considerando los desastrosos efectos de las medidas gubernamentales en La Esperanza que la declaración apoyaba, ésta parece aún más extraña. Tras analizar el texto, mi conclusión es que tuvo que haber sido elaborado por encargo. Veamos primero el texto por sí mismo:

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POR UNA PAZ DIGNA… PATRIA LIBRE O MORIR

Hoy, 8 de marzo de 1988, nosotras conmemoramos el “DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES” con la convicción de que la reforma monetaria decretada por nuestro Gobierno Revolucionario traerá como consecuencia la posibilidad de enfrentar la in?ación galopante que sufre nuestra economía debido a la agresión imperialista. Nuestro compromiso, como mujeres organizadas en la Cooperativa de Vestido “TRAJES ORIGINALES”1...

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