'Nosotros no tenemos espíritu empresarial' (1994-1996)

AutorTurid Hagene
Páginas189-211

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Introducción

El apoyo de NORAD a La Esperanza comenzó en 1990. Hasta ?nales de 1992 pagó el sueldo de la cooperante que trabajaba con la cooperativa, y contribuyó con una considerable ayuda económica (véase la tabla 4). Durante el periodo 1993-1994, NORAD ?nanció los gastos de diseño y publicidad de la cooperativa. A lo largo de estos años, la agencia noruega solicitó la entrega de planes referentes a la producción, a los presupuestos, y la comercialización. NORAD dejó de pedir estos documentos cuando decidió ?nalizar su apoyo, con lo cual la cooperativa interrumpió sus actividades de planeación, cálculo presupuestal y comercialización. Parecería, por consiguiente, que los procedimientos introducidos por NORAD no resultaron signi?cativos para las mujeres. No obstante, en 1995 las mujeres de La Esperanza siguieron produciendo para el mercado alternativo con casi el mismo resultado que en 1994; mientras que las ventas domésticas disminuyeron de un tercio a un cuarto con respecto a las ventas de exportación. La participación en ferias comerciales en el extranjero pareció ser un factor decisivo para asegurar sus clientes en Europa. No obstante, estos viajes causaron innumerables con?ictos entre las mujeres. La última feria en la que participaron fue en 1995. En ese mismo año recibieron una increíble propuesta de negocios de Nigeria que, al ?nal de cuentas, resultó ser una estafa que las dejó con una deuda de 2 mil dólares. Empero esto brindó momentáneamente una dimensión mágica a sus vidas cotidianas, como si estuvieran en una telenovela.

En 1993 las mujeres ya habían comenzado a investigar las posibilidades de transformar su cooperativa en una corporación. Al año siguiente prepararon los documentos

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necesarios para efectuar dicha conversión e hicieron una evaluación de sus activos en 1996. En este año el FSLN perdió de nuevo las elecciones nacionales. Inmediatamente después las mujeres conocieron a Don Jack, un tejano que buscaba trabajadores a destajo para trabajar por contrato en San Juan. Las mujeres pusieron su taller a la venta, aunque le alquilaron una parte a Don Jack en 1997, lo cual les permitió reembolsar su préstamo de 2 mil dólares. Ese mismo año se registraron como una corporación y comenzaron a hacer trabajo a destajo para Don Jack, logrando así seguir ganándose la vida en su taller, aunque el trabajo que realizaban para el tejano entró en con?icto con sus labores como empresa exportadora, por lo que decidieron darle prioridad al trabajo a destajo.

No existe alguna fecha de?nida en la que se pueda ?jar la desaparición de la cooperativa. Empero, a lo largo de la década de 1990 hubo tensiones entre reactivar o reorientar el taller como una empresa o bien venderlo. Dicha tensión creció con la retirada de sus donadores noruegos en 1994. Ahora bien, si consideramos el ambiente económico adverso descrito en el capítulo anterior, se pudo haber esperado que el taller se hubiese desmoronado con la salida de su patrocinador; sin embargo, las mujeres de La Esperanza manejaron el taller con buenos resultados durante otro año y medio más. A la sazón lo abandonaron —según las mujeres— por falta de clientes y de pedidos, aunque para entonces habían dejado de buscar nuevos clientes; habían dejado de participar en ferias comerciales en el extranjero, y no hacían publicidad ni mantenían comunicación con los antiguos clientes.

En este capítulo nos enfocaremos en cuatro puntos, mismos que destacan tensiones en los mundos de vida de las mujeres. En primer lugar, se halla la cuestión de la participación en las ferias en el extranjero, de las cuales dependía, en gran medida, su desempeño económico. Mientras que las ferias constituyeron una oportunidad de negocios necesaria, los viajes al extranjero eran a menudo interpretados en términos de equidad; de este forma, en la cooperativa las mujeres pensaban que los bene?cios deberían ser divididos equitativamente entre ellas. Por lo tanto, los viajes se convirtieron en el objeto de un con?icto devastador, cuya dinámica e importancia se examinará posteriormente. En segundo lugar existía la opción de elegir entre el estatus cooperativo y el corporativo, que requería el estudio de intrincados detalles legales y administrativos. Esta actividad, que sirvió al propósito de proteger sus intereses económicos ante la eventual venta de su propiedad, fue realizada con un celo que contrastó agudamente con el interés invertido en el manejo de la empresa. Así, en la época de NORAD ellas habían practicado la planeación, la elaboración de presupuestos, y la comercialización, pero dejaron de hacerlo cuando ya no había quien les exigiera estos procedimientos. El tercer punto lo constituye el episodio carnavalesco de “los reales del Negro”, que desembocó en una confusión entre la

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realidad y la ?cción. Las mujeres tomaron un préstamo para probar fortuna, riesgo que no corrieron con el propósito de invertir en el manejo del taller; lo hicieron con el único argumento de que estaban familiarizadas con los peligros de una deuda. El cuarto punto consiste en la elección de las mujeres entre hacer maquilado (trabajo por contrato) para un nuevo patrón, o producir un pedido para un cliente alemán. Así, la tensión entre asegurarse un patrón y controlar su propio negocio salió de nuevo a la luz.

El destino de la cooperativa parece haber sido sellado por el resultado de las elecciones nacionales celebradas en octubre de 1996. Las mujeres ya habían decidido vender su taller; sin embargo, todavía no tenían éxito. Ellas recordaban que Daniel (Ortega) apoyaba siempre al pobre y a las cooperativas, y tenía muchas esperanzas de que el FSLN regresara al poder. Sin embargo, los acontecimientos políticos a nivel nacional afectaron la dinámica de grupo de las mujeres con un resultado claro: una con?rmación de la sentencia de muerte de la cooperativa.

Participación en ferias

En el capítulo anterior mencionamos que la estrategia de exportación de La Esperanza subrayó la importancia de comercializar sus productos con clientes extranjeros, a quienes se contactaba principalmente mediante la participación en ferias. Estos viajes tenían la doble naturaleza de negocio y de placer, y el último aspecto constituía para ellas un objeto de “distribución justa”. Por otra parte, esta elección ciertamente no les correspondía a ellas, ya que por lo general la invitación se extendía a una persona en particular, estando incluido también el tema de la ?nanciación del viaje, ya que la cooperativa nunca cubría los gastos con su propio presupuesto. Así, su primera experiencia en una feria en el extranjero fue la Expo-Nica de Miami, en agosto de 1991. La cooperante noruega, Idunn, había sugerido que Noelia fuese con ella, elección que fue aceptada por la asamblea. NORAD cubrió los gastos.

De esta manera, cuando llegó la segunda invitación, en 1993, Noelia tenía tanto experiencia como pasaporte. La Esperanza estaba a?lada a una organización para pequeñas industrias1y recibió una invitación de esta organización para participar en Encuentro 93 en Nueva Orleáns. La invitación fue extendida a Noelia, quien era la coordinadora de la cooperativa. Su marido era miembro de una cooperativa agrícola apoyada por una organización que promovía cooperativas (PROCOOPCA),2y Noelia acudió a ésta para que ?nanciara su viaje. En 1994 Noelia recibió otra vez

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una invitación para participar en una feria en el extranjero, la feria de Berlín, aunque esta vez se trataba de la Asistencia Técnica Alemana (GTZ). En esta ocasión, nuevamente fue patrocinada por el PROCOOPCA. El año de 1994 resultó ser un periodo de repunte en la exportación (véase la tabla 2), en el que los clientes alemanes representaron más del 80 por ciento.3En 1995, el GTZ volvió a invitar a Noelia a la feria de Berlín. No obstante, en esta ocasión hubo reacciones abiertamente negativas en la cooperativa en contra de que ella viajara; las demás cooperantes querían que Israel fuera en su lugar. Sin embargo, la GTZ contestó que era demasiado tarde para cambiar el nombre del participante en todos los documentos o?ciales y además, Israel no tenía pasaporte.4Así Noelia obtuvo otra vez el ?nanciamiento del PROCOOPCA.

Este viaje se transformó en un foco de con?icto dentro de la cooperativa. Aunque se tenía que preparar un número considerable de muestras para la presentación en Berlín, ninguna de las mujeres de la cooperativa participó en esta labor; Noelia tuvo que hacer todo ella sola. “Ellas sólo querían compartir cuando llegaba a casa con dinero para las muestras”, recordaba Noelia.5Todavía en 1997, cuando hablamos sobre este tema, ella recordaba que ésta había sido una época horrible; a ?n de calmar a las otras mujeres, había dejado en sus manos decidir si iba o no. “Pero los de la organización (GTZ) vinieron y dijeron que sería una locura si no fuera. Ellos habían invertido dine-ro en el módulo de la exposición y todos mis gastos de viaje estaban cubiertos”6Sin embargo, Noelia recordaba que las otras mujeres le habían dicho, “Ojalá te pase algo”. Le pregunté cómo interpretó lo que le dijeron y dijo, “que me muriera, pues”. Con esta maldición a sus espaldas, Noelia fue a la feria de Berlín y consiguió una lista de once prospectos de clientes.7Sus cifras de exportación de 1995 igualaron las del año anterior, aunque en éste ya no recibieron ningún apoyo ?nanciero de NORAD. Por otro lado, en las entrevistas con las mujeres de La Esperanza nadie, excepto Noelia, mencionó los con?ictos sobre los viajes al extranjero. Sin embargo, ella recordaba que la época difícil había durado hasta las elecciones de la cooperativa (en mayo de 1995), cuando la posición de coordinadora volvió a manos de Esmeralda.8“Entonces, por ?n, se...

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